miércoles, 23 de abril de 2008

DM-1

Olía a pan, talvez recién horneado. Un extraño calor en el exterior de los párpados lo confundía. La visión lo incomodaba. La habitación oscura se disolvía frente a sus ojos y la capa de humo de los casi 15 cigarrillos encendidos ya no generaba olor a tabaco, ¿o nunca emanó tal aroma? Lo cierto era que el sonido de perros ladrando en la calle, de numerosas aves grojeando e incluso el relinche de un caballo le traía, de golpe, aquella dura realidad del durmiente que no quiere volver al mundo real. Todo era un sueño.

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